SOBRE LA PALABRA "NATURAL"
Se podría entender mejor el concepto por oposición. Lo “no natural” como mero artificio ideológico en un marco teórico que aspira a una determinada correspondencia material con el mundo. Es curioso como el sentido peyorativo de la artificiosidad como inventiva presupone el error o cuestiona la intención de su origen. Al ser no natural, parece sesgado, ajeno en la mayoría de los casos, a una honestidad intelectual rigurosa.
Todo esto parte de una concepción defectuosa del saber científico como mero procedimiento descriptivo, desechando u omitiendo la relevancia de la formulación creativa de hipótesis. Es precisamente mediante las hipótesis como se amplia conocimiento, siendo estas aceptadas o desechadas en una segunda fase del saber científico que actúa como filtro analítico.
Evidentemente, el éxito depende de un fecundo equilibrio. La creatividad excesiva crea castillos de naipes mientras que la tendencia analítica radical anula la productividad científica. Un uso correcto de ambos, en sus justas dosis, obra el milagro.
Esta idea de separar al hombre de la ciencia que lo estudia resulta ridículo. La ciencia desde una perspectiva filosófica es la conclusión, la estación final de una línea de tren con muchas paradas en cuyos andenes respectivos se han tomado decisiones que determinan una visión, que por sus características se ha tornado en hegemónica, pero que adolece de una perspectiva más amplia, que la autolimita a la hora de competir con la palabra conocimiento.
La razón instrumental, la ciencia sin el hombre, es eso mismo, ciencia incompleta. Es un sucedáneo epistemológico. Desafortunadamente, dado los resultados en el ámbito material este paradigma se ha impuesto arrastrando a los demás saberes para buscarles un encaje, siendo desechados aquellos que no cumplen el ritual de lo aséptico.
En definitiva, todo este asunto se resume en un enredo lingüístico más, el concebir un orden natural del mundo (perfecto e inevitable o necesario) que al mismo tiempo excluye al ser humano, como ser artificial (subjetivo, imperfecto y contingente). Y a la hora de escribir tratados o ensayos basados en la autoridad (antes era Dios), el broche de oro, era sin duda invocar lo natural como elemento distintivo. Distinción, que al repetirse a lo largo de la historia del pensamiento, torna nuestra propia cosmovisión como algo cómica.